
La vida de la Reina Isabel se desarrolló principalmente en el sur de Inglaterra, en la cuenca del Támesis, donde se localizaban los diversos palacios que poseían ella y sus favoritos y ministros.
Cada verano la reina emprendía una gira, o progress, para visitar las ciudades o los palacios de sus súbditos, aunque nunca fue más allá de Bristol o Norwich.
El resto de las islas Británicas ofrecía menos garantías, y precisamente una de las tareas de Isabel, prolongando la política iniciada por su padre Enrique VIII, fue extender y afianzar el dominio inglés.
El norte de Inglaterra permanecía en gran parte adicto al catolicismo, como prueba la revuelta fallida del duque de Northumberland en 1569-1570. En Escocia, Isabel evitó la injerencia directa, limitándose a retener a la reina María después de la derrota de ésta en la batalla de Langside.
Los mayores quebraderos de cabeza le vinieron de Irlanda, país integrado en la corono inglesa desde los siglos XII-XIII, al igual que Gales.
A finales de siglo estalló una gran rebelión contra la ocupación inglesa, encabezada por Hugh O'Neill, conde de Tyrone. El conde de Essex, favorito de Isabel, fracasó lamentablemente en su expedición de castigo. Fue el barón de Mountjoy quien puso fin a la revuelta derrotando en Kinsale a los irlandeses y a las fuerzas españolas que habían acudido en ayuda de éstos.

La logia existía en casi todas las obras de alguna importancia, a menudo al lado de la catedral. En ella los obreros podían comer y hacer la siesta al mediodía; allí guardaban sus herramientas y podían trabajar durante el invierno.
La logia, pues, era un obrador y un refugio, y en ocasiones podía ser un edificio de carácter permanente. De ordinario era una casa de madera o piedra donde los obreros trabajaban al abrigo de la intemperie, pudiendo acoger de 12 a 20 canteros.
En realidad, desde el punto de vista laboral, era una oficina de trabajo provista de mesas o tableros de dibujo, en la que había un suelo de yeso para trazar los detalles de la obra. Desde el punto de vista administrativo, la logia era también un tribunal, en el que el grupo de hombres que en ella se reunía estaba bajo la autoridad de un maestro, quien mantenía la disciplina y aplicaba las normas del oficio de la construcción.
En ciertos casos, la jurisdicción de una logia se extendía por un ámbito superior al de la ciudad donde se asentaba, como sucedió con la logia de Estrasburgo, cuya autoridad se extendía a toda Alemania.

Construidas en una zona relativamente periférica, las termas de Caracalla se distinguieron de las demás de Roma por su carácter popular.
Para ganarse el favor de la plebe romana los Severos quisieron que su acceso fuera gratuito y que sus diversas estancias pudieran acoger el máximo número de visitantes, hasta 1600 a la vez, según el cálculo de los estudiosos modernos.
Se trataba también de manifestar la grandeza de los emperadores, su magnificencia: de ahí el calificativo de thermae magnificentissimae que les dedica el autor de la Historia Augusta.
El pórtico monumental, la lujosa ornamentación de mosaicos y las numerosas estatuas alojadas en nichos en todas las estancias del edificio servían eficazmente a este fin.
Todos los ciudadanos tenían, pues, libre acceso a lo que era un gran centro de la vida social de romana. También las mujeres acudían a las termas, a menudo conjuntamente con los hombres, pese a numerosas prohibiciones oficiales. La afición no hizo sino crecer con el tiempo.
Si en la época republicana se aconsejaba tan sólo un baño a la semana, en tiempos del Imperio el baño diario era habitual, y había quien llegaba a bañarse siete u ocho veces al día, como hacía el emperador Cómodo a finales del siglo II.

Los centauros son en la mitología seres monstruosos y violentos, pero Quirón representa un caso aparte. Fue hijo de dos dioses, Crono y Filira; de su padre, unido a la hija de Oceáno bajo la forma de caballo, recibió su aspecto animal.
Vivía en el monte Pelión, y prestó especial protección al rey del país, Peleo, sugiriéndole entre otras cosas el modo de conquistar a la diosa Tetis. Desde su nacimiento Aquiles gozó de su benevolencia.
Así, se dice que su padre, al ver a Tetis poniendo al niño sobre una hoguera para comprobar si era inmoral, lo rescató y lo llevó a Quirón para que lo curara; fue entonces cuando el centauro, médico experto, sustituyó uno de los huesos de Aquiles por el de un gigante, origen de la sobrehumana rapidez del Pelida.
Quirón se encargó de la educación de Aquiles, enseñándole las artes de la medicina, la música o la caza. Para que adquiera la fuerza de un león y un jabalí, lo alimentó tan sólo de entrañas de estos animales, añadiendo miel para inspirarle la dulzura y la persuasión.